El destino de un reloj de sol
por Roland Müller
La iglesia más antigua de mi ciudad natal, Sindelfingen, en el suroeste de Alemania, es la de San Martín. Su construcción comenzó en 1069 y se completó en 1135 con una torre de 42 metros de altura y 7 metros de ancho. Anteriormente, en ese mismo lugar se alzaba un monasterio benedictino. Éste fue disuelto para dar paso a la nueva y gran iglesia, financiada por la nobleza.
Quien se acerque al lado sur de la torre, podrá observar, a la derecha del centro de la pared, a una altura de 170 cm, una piedra con surcos tallados. Estas ranuras forman un semicírculo, dividido en sectores por líneas radiales. Su centro se encuentra en el mortero de la junta superior. Estamos ante un reloj de sol de diseño sencillo:

Su observación plantea muchas preguntas: ¿Para qué servía? ¿Cuándo se fabricó? ¿Por qué precisamente en este lugar de la iglesia? La escala presenta irregularidades, ¿por qué? ¿Tenía el reloj una varilla para proyectar la sombra, un gnomon? ¿O solo tenía una marca para situar horizontalmente un palo o el dedo de una persona?
La piedra del reloj de sol es un bloque de arenisca de 48 cm de ancho y 33 cm de alto. Su superficie es rugosa, en parte de grano grueso. A su alrededor las piedras presentan un grano más fino, más adecuadas para el trazado de un reloj. La variada mampostería de la iglesia y la torre sugiere que aquí se reutilizaron todo tipo de piedras labradas procedentes de edificios anteriores, como el monasterio. ¿También la piedra del reloj de sol?
Sin duda, los monjes necesitaban un reloj de este tipo para sus horas de oración diarias. Las ranuras en la piedra indican la prima, la tercia, la sexta, la nona y vísperas. Dado que el monasterio solo existió durante diez años, enre 1059 y 1069, el reloj de sol, de haberse utilizado allí, habría tenido la misma antigüedad.
La comunidad monástica fue reubicada y los edificios demolidos. La nueva iglesia estaba dirigida por los llamados canónigos regulares, que no estaban sujetos a los votos de la orden monástica. Si hubieran necesitado un reloj, probablemente habría sido uno para los horarios de la misa, y no para conocer las horas canónicas de oración.
De hecho, hay dos ranuras adicionales: uno muy marcada entre la prima y la tertia, y otro tenue entre la nona y la vísperas. Podrían ser ranuras que se grabaron más tarde, una vez terminada la iglesia, para indicar los horarios de la misa. De este modo el reloj habría servido para distintos fines, pero en diferentes momentos a lo largo de la historia del monasterio y la iglesia.
¿Y por qué se encuentra este reloj en la torre y no, como suele ser habitual, cerca del pórtico de la iglesia? La torre se encuentra situada a un lado del coro, junto a los ábsides. Su sombra habría ocultado parcialmente un reloj de sol junto al pórtico sur. Sin embargo, su ubicación a la altura de los ojos sugiere que no era imprescindible un gnomon. La hora se podía leer colocando horizontalmente un palo o un dedo sobre el centro de las líneas horarias. Este método sigue funcionando hoy en día.

La búsqueda de un orificio para el gnomon se ve dificultada además por el hecho de que la pared exterior de la iglesia estuvo enlucida durante mucho tiempo. Durante este periodo, el reloj de sol también quedó oculto bajo el cemento y el yeso. No fue hasta 1926 cuando se retiró el yeso durante una restauración del edificio. Desde entonces, los muros medievales han vuelto a ser completamente visibles, y con ellos, también el reloj de sol. Sin embargo, la retirada del enlucido parece haber dejado huellas. Algunas piedras muestran muescas de martillo o cincel, e incluso grietas. Algunas zonas siguen apareciendo ampliamente recubiertas de yeso. Es posible que el reloj de sol también haya sufrido daños. Resulta difícil encontrar allí un agujero para un gnomon.
Por otra parte, un cantero con experiencia en historia también señala la posibilidad de que la piedra del reloj de sol procedente del monasterio, se reutilizara en la torre simplemene como bloque de construcción. Si tenía un orificio para el gnomon, este podría haber desaparecido cuando se recortó la piedra por su parte superior para que encajara en la junta del muro. De hecho, la línea del mediodía del reloj de sol es un 10 % más corta que los demás rayos; el semicírculo parece aplanado. Esto podría encajar con el hecho de que en los edificios sacros se prestaba mucha atención a que las juntas fueran lo más uniformes posible. La mampostería medieval reflejaba la comunidad de todos los creyentes, que deben apoyarse y sostenerse mutuamente, unidos por el mortero, que simbolizaba el amor.

Existen muchas posibles respuestas a las preguntas que surgen aquí. Desconocemos qué ocurrió realmente. Los documentos históricos no aportan información sobre este reloj de sol, que tiene tanto que contar. Innumerables veces ha hecho que los fieles se detengan para orar y cantar, para celebrar la santa misa y alabar al Creador, a quien se debe todo el universo. En él hay espacio para todo: también para piedras que narran misterios, personas que se preguntan incansablemente y relojes que siguen la trayectoria del Sol mientras la Tierra gira a su alrededor.
Roland Müller, 2026
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