Creaciones poéticas, literarias y artísticas con los relojes de sol y otros instrumentos para medir el tiempo como protagonistas

Catedral-reloj-solar de Tegucigalpa

La fachada de una catedral que actúa como un reloj solar

Por mediación del gnomonista y poeta Eduardo Moyano hemos conocido un fragmento del libro “Pura vida” de Patrick Deville, que reproducimos a continuación en el que el narrador observa la fachada de la Catedral de San Miguel, de Tegucigalpa (Honduras) donde no hay un reloj de sol, pero que sus formas, los juegos de sombra y los colores que se dan ella, permiten conocer el momento exacto del día.

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En la plaza Morazán de Tegucigalpa, detrás de la estatua ecuestre de Francisco Morazán -y no de Ney-, la fachada de la catedral de San Miguel, levantada por los descendientes esclavizados de los indios adoradores de la serpiente emplumada y del pájaro quetzal, reproduce con mayor anchura la de la iglesia de Santa María de Los Dolores y la de tantas otras: dos grandes campanarios en la fachada y muros blanqueados cuyas asperezas permiten economizar un reloj, a tal punto el sol pinta en ellas con precisión, de hora en hora, el lento paso de la jornada para quienes permanecen pegados al muro de contención desde el alba hasta el crepúsculo, sin que sepan bien qué otra cosa podrían hacer en la vida sino seguir el deslizamiento del abanico de los colores sobre la fachada de la catedral, los rosas azulados de la aurora, el bermejo sangriento del mediodía, los vespertinos arena caliente y piel de gamuza de las dunas, el oro casi bermellón del final de la tarde, el malva verdoso del anochecer, a medida que la sombra de la estatua ecuestre de Morazán -y no de Ney-  gira en la plaza y se alarga, cual gnomon de un reloj solar, en honor al campeón de la efímera República Centroamericana.”

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26 de mayo de 2026