Queridos heteroscios

por Antonio J. Cañones

¿Cómo?… ¿Heteroscio?…, Oiga, eso no me lo dice usted en la calle.

Pues sí. Tanto yo como cualquier otro que lea estas letras y, por lo tanto, more por estas latitudes de España, grado más, grado menos, es un heteroscio. Lo siento.

Advierto que hasta que leí el libro “El Sol en la mano” del arquitecto español Miguel Bertrán de Quintana y publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1937, tampoco yo había oído nunca este término y ningún otro a los que voy a referirme después.

Existen innumerables clasificaciones de los habitantes de la tierra, según el país o el continente de origen, el color de la piel, la religión que profesan, y otras muchas que no voy a detenerme en detallar.

Pues bien, los antiguos geógrafos también nos tenían clasificados. ¿Y cómo lo hicieron? Pues tomando como referencia la proyección de nuestra sombra según el lugar del globo en que moramos. ¡Hay que ser ….!

El Sol, en el transcurso de cada año, sube y baja por el cielo, partiendo desde el Ecuador,  23 grados y 27 minutos hacia arriba y otro tanto hacia abajo. Ese fenómeno, debido a la oblicuidad de la Eclíptica, diferencia muy claramente a la esfera terrestre en zonas de todos conocidas. Hay una zona central que contiene al Ecuador y llega hasta los círculos de los trópicos que es la zona tórrida. Le siguen las zonas comprendidas entre los círculos tropicales y los círculos ártico y antártico que son las zonas templadas. Por último están las zonas que van desde los círculos ártico y antártico hasta sus respectivos Polos y que son las zonas frías o polares.

La incidencia de los rayos del Sol, por tanto, varía según la época del año y según la zona de la Tierra donde estemos.


Una vez aclarado esto ya puedo intentar descifrar esa clasificación de los humanos hecha por los antiguos geógrafos. Empezando por la zona tórrida, tenemos a los “ascios”. Esta palabreja proviene del latín “ascius” y a su vez ésta del griego “áskios” (de la unión de “a”, privación, y “skiá”, sombra). Luego los ascios, etimológicamente hablando, son los habitantes de la tierra que en algún momento del año no tienen sombra. Ampliando la definición diré que estos habitantes, dos días cada año y al mediodía tienen su sombra exactamente debajo de ellos pues los rayos del Sol los reciben perpendicularmente al horizonte.

Los habitantes de la zona tórrida en otros momentos del año también son “anfiscios”, del latín “amphiscius” y ésta del griego amphískios (de la unión de “amphí”, de ambos lados, y “skiá”, sombra). Luego los anfiscios son los habitantes de la Tierra cuya sombra, al mediodía, está proyectada hacia el Norte o el Sur según la estación que sea. Fijándonos en los pobladores del Ecuador, estos, quitando los días de los equinoccios, tienen durante la primavera y el verano su sombra mirando hacia el Sur y durante el otoño y el invierno mirando hacia el Norte.

Los habitantes de las zonas templadas, nuestro caso, son “heteroscios”. ¡Ya apareció el “palabro”!. La etimología proviene del griego “heteróskios” (de la unión de “héteros”, otro, y “skiá”, sombra). O sea, terráqueos cuya sombra, al mediodía, siempre está dirigida al otro lado del Sol. O dicho de otra manera, tenemos la sombra, al mediodía, siempre dirigida hacia el Polo del hemisferio en que habitamos. Los del hemisferio austral hacia el Norte y los del hemisferio boreal hacia el Sur.

Por último, los habitantes de las zonas frías, aquellas con latitud superior a la de los círculos polares, son los “periscios”, del griego “perískios” (de la unión de “perí”, alrededor, y “skiá”, sombra). Éstos son los desafortunados que pasan un frío tremendo aunque tienen la “ventaja” de que hay ciertos días del año en que su sombra los rodea por completo.

Ahí queda eso.

Antonio J. Cañones Aguilar


Este artículo fue publicado en el año 2002
en la revista «Profesionales y Medios» de la
Asociación de Profesionales de Radio y
Televisión de la Región de Murcia.