Relojes de balsa: dos casos andaluces


Desde época romana, el riego por tandas, ha sido utilizado en todo el arco mediterráneo para el reparto del agua entre los propietarios de tierras, especialmente durante la época veraniega y en periodos de sequía en que el líquido elemento se convertía, y aún se convierte, más que en un recurso disponible en un bien de necesidad.

Durante la época andalusí, almunias, alquerías y otras heredades y núcleos que utilizaban sistemas de cultivo irrigados recibían el agua conforme a decisiones comúnmente adoptadas, aunque no tenemos constancia del sistema elegido para la asignación, en dicha época, de los turnos de riego.

Ya en época cristiana, aunque enlazada con la anterior, se tiene constancia de un documento de principios del siglo XVI que se conserva en el Archivo Municipal de Granada,
La división de los riegos en "quintos"

La posible relación existente entre las divisiones en "quintos" de los tiempos asignados al riego viene descrita en el documento conservado en el Archivo Municipal de Granada (leg. 3.429, pieza 3, fols. 15vº y 16 r.). En él se comenta cómo las acequias de Romayla y Axares riegan las huertas existentes entre Granada y su vega en diferentes turnos, entre ellos desde azoc hasta alazar (desde al-subh, o amanecer, hasta al-‘asr, o tarde) y desde alizar hasta alaxi (entre al-‘asr, tarde, y al-‘isa’, la noche cerrada).

La relación entre los "quintos" se fundamenta en la similitud existente entre los momentos diurnos comentados y al menos dos de los cinco rezos diarios prescritos en el islam que se encuentran estrechamente ligados a momentos astronómicos y, especialmente algunos de ellos, a las proporciones existentes entre un objeto vertical (un hombre) y su sombra.

Así la cuarta oración islámica diaria -zuhr- comienza tras el mediodía astronómico y termina en el inicio de la siguiente oración, 'asr, que es cuando la altura de una persona y la longitud de su sombra son similares. La quinta oración, 'asr, debe comenzarse cuando la sombra mida el doble de la altura de la persona que la proyecta y termina con el momento de la puesta de Sol.

en el que se especifica los beneficiarios del agua de una acequia y las cantidades que corresponden a diversos propietarios, asignando tandas que se miden en "tiempos" o unidades de doce horas que generalmente abarcan desde la puesta de sol hasta el amanecer, si bien estos "tiempos" solían fragmentarse en "quintos" con una posible relación entre estas divisiones y las cinco oraciones islámicas.

También existen ejemplos, de indudable raíz islámica, como el comentado por Joan Olivares en el libro de relojes y calendarios del Valle de la Albaida (Alicante) en el que el reparto del agua de la Font del Port, con el que se regaban las aguas de los términos municipales de Albaida, Atzeneta y el Palomar, se realizaba siguiendo el método del "reloj de pies" consistente en el reparto de tiempos en función de la longitud que alcanzaba la sombra de una persona, medida en pies.

Pero más allá de este método en base a la sombra proyectada por una persona, la relación directa entre el reparto del agua y su conteo horario pudo ser observada directamente en las propias acequias mediante la instalación, en un principio, de simples vástagos verticales que con su sombra iban marcando las tandas horarias sobre líneas previamente marcadas y, más tarde, con la colocación a pie de balsa de auténticos relojes de sol que medían con exactitud extrema dichos turnos de riego.

Se encuentran documentados numerosos relojes de balsa por todo el solar ibérico. En el interior peninsular, concretamente en la región madrileña (Gandullas, Madarcos y otras) y en la provincia de Guadalajara (Almonacid de Zorita), se conservan algunas muestras de este tipo de artilugios dedicados al control de riegos, tal como se atestigua en sendos libros de Relojes de sol de Madrid y Guadalajara, de Jacinto del Buey y Javier Martín-Artajo recientemente editados. También en Murcia, concretamente en Pliego se encuentra un reloj de sol situado a pie de una balsa de riego, datado en 1751, y considerado como el más antiguo de todos los existentes en la región murciana.

En Andalucía, especialmente en la zona suroriental, debieron abundar los relojes de sol presentes en balsas y acequias, aunque por desgracia han sido muy pocos los que han conseguido llegar hasta nosotros. A continuación se ofrece la descripción de dos que hemos podido localizar gracias a la información e imágenes facilitadas por José Luis Díaz Lafuente, Lorenzo López Asensio y Juan de Dios Jiménez.


Balsa de San Marcos

Un primer ejemplo de ellos lo encontramos en Huéneja, localidad granadina del Marquesado de Zenete que se encuentra al borde mismo de la carretera que une Guadix con la capital almeriense, a unos 25 km. de aquella ciudad. En Huéneja el agua ha sido parte constitutiva y fundamental de su propia existencia y por ello siempre ha tenido la necesidad de la regulación de los caudales que evitase litigios entre sus usuarios.
Vista general del doble cuadrante


Hasta la constitución en 1897 de la Comunidad de Regantes, al amparo de la Ley de Aguas de 1879, los recursos hídricos de la localidad se rigieron por derecho consuetudinario que se remonta a la época de la repoblación de 1571, tras la expulsión morisca, aunque basada, a su vez, en las costumbres de la época musulmana.

Un ejemplo de la riqueza hídrica y exponente del sistema de reparto de agua, lo encontramos en sus alrededores donde se encuentra la denominada Balsa de San Marcos en la que a través del río Izfalada se recogen las aguas provenientes del deshielo de Sierra Nevada que han sido previamente almacenadas en un pantano situado aguas arriba.

Y es en esta balsa, situada a un kilómetro del pueblo en dirección a un anejo denominado "Las Huertezuelas", donde se conserva un reloj de sol de doble cara posiblemente confeccionado en pizarra y fechado en 1691.
El año de construcción del doble
cuadrante en su faz declinante a Levante


Ambas caras conservan el trazado original, que consta de líneas horarias enteras y señalamiento de medias, todas enmarcadas en un rectángulo y con números arábigos, de las 5 a las 12 en el declinante al este y de las 12 a las 7 en el más orientado. Cercano al centro origen de sus carentes gnómones, sendos rectángulos en los que lee "ANºD" (Anno Domini), en el primero, y "1691", en el segundo.

A pesar de estar situado en un paraje de enorme belleza paisajística y que es utilizado como lugar de esparcimiento por los habitantes de Húeneja y su comarca, el doble cuadrante y la obra civil que lo sustenta presenta actualmente unas pésimas condiciones de conservación.




Balsa Alara

En pleno Parque Natural de Sierra María-Los Vélez, encontramos la localidad de Vélez-Blanco
Vista del lateral declinante a poniente
en la que precisamente el agua, fue el factor determinante de su creación en épocas prehistóricas y causa de la numerosa vegetación natural y de naturaleza agrícola que, aún hoy, en ella se prodiga.

Vista del conjunto
en el que destacan
los gnómones
en forma de "U"
Y es el agua el motivo de la existencia de la Balsa Alara situada en su término municipal en la que se conserva un triple reloj situado en el extremo superior de una columna de obra de unos tres metros de altura.

El cuadrante trifaz, directamente trazado sobre la mampostería, consta de un meridional orientado y sendos laterales a poniente y levante, si bien hoy sólo podemos contemplar los dos gnómones de los laterales, compuestos de pletinas en forma de "u" y, grabados directamente sobre la obra, algunos signos arábigos. El paso del tiempo y la desidia humana han hecho desaparecer el resto de los elementos.


Estado actual de los relojes

En ambos casos localizados la maleza cubre casi por completo la edificación que sirve de soporte a los cuadrantes e incluso a ellos mismos, siendo casi imposible su localización en un primer golpe de vista.
El reloj de Huéneja cubierto por la maleza
¿Estaremos ante una nueva clasificación
gnomónica: "relojes camuflados"?


Por ello sería deseable que las autoridades municipales, en primer lugar, y las que gestionan los bienes culturales en el correspondiente ámbito provincial y aún en el autonómico, tomaran conciencia de la necesidad de la puesta en valor de ambos cuadrantes (y otros aún por localizar) y procedieran al desarrollo de un plan de actuación urgente con el fin de conseguir su recuperación mediante la restauración y adecentamiento tanto de los propios relojes de sol, como del resto de edificación existente y aún del ámbito en el que se localizan.

Para conseguirlo proponemos la remisión de escritos o correos electrónicos cortésmente redactados dirigidos, en principio, a las respectivas alcaldías de ambas municipalidades en los que se manifieste el interés en que los relojes de balsa, que durante tantos años fueron utilizados por los habitantes de la localidad y formaron parte del acervo cultural común, se repongan en su original ubicación y puedan volver a ser contemplados por lugareños y visitantes.

Esperemos que las autoridades tomen conciencia de la necesaria recuperación de los cuadrantes, como ya lo han hecho en otros lugares de nuestra geografía, consiguiendo la puesta en valor de estos elementos tan diferenciados de nuestro patrimonio, y ofreciéndolos como recurso didáctico y reclamo turístico-cultural.




Referencias:
  • Hidráulica rural andalusí, análisis de una agricultura irrigada de origen andalusí. Antonio Malpica Cuello y Carmen Trillo San José. Universidad de Granada.
  • Rellotges i Calendaris Solars a la Valla d'Albaida. Joan Olivares i Alfonso. Caixa d'Estalvis d'Ontinyent-Obra Social. 1998
  • Relojes de Sol de Guadalajara de Javier Martín-Artajo G. y Jacinto del Buey Pérez; Diputación Provincial de Guadalajara. Servicio de Cultura, 2004
  • Relojes de sol de Madrid de Jacinto del Buey Pérez y Javier Martín-Artajo G.; Comunidad de Madrid, Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, 2005

    Agradecimientos:
    Las imágenes que se muestran en el presente documento han sido facilitadas por José Luis Díaz Lafuente y Juan de Dios Jiménez, para los cuadrantes de Huéneja y Lorenzo López Asensio, para los de Vélez-Blanco a quienes agradecemos su remisión y sin cuya descripción no habría sido posible este trabajo.